viernes, 14 de septiembre de 2012

Clase Política

La especie humana es la más violenta de todas, y su poderes agresores en esta era científico técnica son los más destructivos de todos los tiempos. Es posible que en la comunidad humana siempre hayan existido subgrupos tipológicos: una mayoría de individuos relativamente pacíficos, otra gran franja dotada de considerable agresividad, y una minoría pequeña pero extremadamente violenta, que son los que habitualmente ocupan gran parte de las posiciones de poder. Estos últimos son considerados "personalidades psicopáticas" por los especialistas en asuntos mentales.

Así es que por todas partes, al mando suele estar la gente más agresiva, la más egocéntrica, la más vanidosa.     El orden mundial pasa un momento extremadamente tenso, con los estados más poderosos entregados a un frenesí de avasallamiento a pueblos enteros, provocando muerte, destrucción y saqueo de manera masiva.

Las cualidades agresivas y destructivas de cierta proporción de ejemplares de nuestra especie, parece ser un rasgo constitutivo. No es muy realista imaginar que esta condición pueda cambiar para mejor, y menos todavía en un tiempo razonablemente compatible con la duración de la vida individual.

Los individuos que se proponen liderar cambios suelen compartir las mismos rasgos de carácter que los jefes del sistema opresor al que combaten. Puesto que la política, y más aún su fase intensa -la guerra- se basa en la capacidad de encuadrar gente, los hombres que pretenden conducir a otros son muy exigentes de lealtad. Por eso todo individuo se ve obligado a tomar decisiones sobre su propia relación con quienes ejercen poder sobre él, decisiones que en  forma estilizada se pueden clasificar en: subordinarse, rebelarse, o sustraerse.

En procesos extremos, por ejemplo una aventura revolucionaria o reaccionaria, el individuo que circunstancialmente se ve coaccionado por un líder temerario, se encontrará en un laberinto. No siempre es posible distinguir en el conductor lo genial de lo demente, y según se lee en la historia, la evaluación de muchas sagas colectivas con uno u otro calificativo, depende de la buena fortuna que haya obtenido la empresa, debida muchas veces al azar. Así es como muchos individuos se ven arrastrados a afrontar riesgos máximos: los líderes se enardecen ante cualquier sospecha de deslealtad, y la tropa se disciplina con fusilamientos.

En general, los individuos predispuesto a embarcarse en epopeyas heroicas y otras formas de consagración, han de ser los que espontáneamente aman la aventura o añoran el sacrificio, sea en carácter de conductores o conducidos. El asunto es que habitualmente se permiten descalificar a quienes no tienen vocación para ese tipo de baile.

En tiempos más tranquilos, es igualmente notorio que el atributo más generalizado en el dirigente, es el personalismo. La vanidad y el egoísmo de los dirigentes, que a menudo son además rapaces,  hace fracasar en los grupos sociales muchas buenas posibilidades de vida mejor.

En nuestra pequeña democracia formal, tan vilipendiada por sus muchos vicios, y sin embargo tan valorable por ser tanto mejor que las terribles dictaduras que supimos conocer, se erige como "clase política" una cofradía de hombres y mujeres especializados en el toma y daca de la cosa pública, muchos de ellos personas superficiales, y unos cuantos,  mendigos vergonzantes de los poderes fácticos. Estos últimos, los auténticos controladores, raramente se exponen a la luz pública, y prefieren la comodidad del anonimato.

Las figuras políticamente aglutinantes, sea en mucha o poca escala,  suelen ser un dechado de vanidad y egolatría. Alrededor de cada uno de ellos pulula una caterva de adulones y charlatanes, la mayoría motivada básicamente por la aspiración de obtener un puesto público, o algún otro flujo de favores. Los más amorales son los operadores puros, personas que casi siempre carecen de una ideología más o menos definida, y cuyo oficio es intermediar comunicaciones y rumores en las oficinas de la superestructura. Estos correveidiles que viven de su agenda y de su teléfono celular, son los más descarados en el transfuguismo,  y están siempre listos para cambiar de padrino al mejor postor.

Es difícil esperar  que esta dinámica de las cosas pueda derivar en cambios favorables profundos. Además debe haber algo de verdad en la hipótesis de que todas las situaciones que sobrellevan los individuos, aún las sufrientes, se viven con cierto nivel de goce. Si no fuera así, los cambios podrían producirse con gran facilidad.

En estos términos es comprensible la ideología del dandysmo, esta visión escéptica de lo ajeno y de lo propio, más inclinada a buscar la belleza que a luchar para cambiar las cosas. Y puesto que la solidaridad tiene grados (o seríamos todos santones), y la canalla también (porque ya he dicho que los muy agresivos son sólo una franja), el dandysmo estará en un precario equilibrio, probablemente cultivando su cuota de intercambios gregarios y vida pública en instituciones tranquilas y benévolas, mientras el mundo gira y gira.


viernes, 25 de mayo de 2012

El Contador Recomienda: Revista CIRCUS

Señores lectores. La revista argentina CIRCUS ofrece recursos de teoría económica muy difíciles de localizar en otros ámbitos. Los materiales son todos de alta calidad y el nivel de discusión en su foro es muy interesante.

http://grupolujan-circus.blogspot.com.ar/

lunes, 30 de abril de 2012

Congreso de Economistas Heterodoxos en la Universidad Nacional de Quilmes


DOMINGO, 29 DE ABRIL DE 2012
ENFOQUE

Heterodoxos


 Por Eduardo Lucita*
Luego de décadas de hegemonía de la teoría neoclásica los partidarios de la heterodoxia económica han vuelto al ruedo. Así lo muestra un reciente congreso realizado en Buenos Aires. Los debates parecen estar destinados a colarse al interior de las discusiones en el gobierno nacional sobre el curso a seguir. Durante más de tres largas décadas, los debates en los foros internacionales, y también en su traducción en leyes y acciones concretas por los gobiernos, fueron dominados por la teoría neoclásica. En América latina estas concepciones tomaron fuerza a partir de mediados de la década del ’70 del siglo pasado –inicio de la fase neoliberal del capital– y se profundizaron en la del ’90 bajo la orientación del Consenso de Washington.
A partir del 2007-2008 la crisis económica internacional, largamente anunciada por más de un pensador heterodoxo, modificó el escenario previo y puso en cuestión los presupuestos de la ortodoxia económica. Mucho más cuando a cinco años de su inicio la crisis sigue sin resolverse y crecen las evidencias de que no es sólo financiera, sino que es todo al andamiaje del capitalismo, como sistema, el que está en el centro de la misma. Los seguidores de la teoría neoclásica no sólo fueron incapaces de preverla, sino que no aciertan en sus caracterizaciones, por lo tanto resultan incapaces para diseñar una salida de la misma. La actual etapa europea de este fenómeno mundial muestra que en sus portafolios los neoclásicos, como aquí los personeros del establishment, sólo tienen las mismas recetas de siempre: reforzamiento del FMI, ajustes sobre ajustes, salvar a los bancos.
En ese contexto es que se promueve el cambio. No resulta indiferente que esta mutación se haya procesado antes, en forma más o menos empírica, en el Cono Sur de nuestro subcontinente: Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina. Esto no es casual. Ha sido esta región la que mayores resistencias opuso a la ofensiva del capital bajo su forma neoliberal y de donde surgen alternativas.
Expresión de lo dicho es que del 20 al 23 de marzo se llevaron a cabo en plena city las “Jornadas de Economía Política Universidad Nacional de Quilmes-Congreso de Economistas Heterodoxos”. Un encuentro internacional de gran porte convocado por una casa de estudios nacional. Un gran esfuerzo organizativo y financiero que convocó a reconocidos académicos que desarrollan sus actividades en universidades de renombre mundial. La cuidadosa selección de los ponentes permitió expresar las diversas corrientes que se desenvuelven al interior del pensamiento heterodoxo (keynesianos, poskeynesianos, estructuralistas, sraffianos, kaleckianos y marxistas, o sea seguidores de las teorías de John Maynard Keynes, Piero Sraffa, Michael Kalechi, Karl Marx).
No dejó de llamar la atención que un evento de esta naturaleza y envergadura haya tenido tan poca difusión previa. No obstante el nivel de inscripción fue elevado y la concurrencia –más del 80 por ciento, jóvenes estudiantes o graduados recientes en Economía– fue nutrida a pesar de lo apretado de la agenda y el extenso horario de las sesiones. Otro aspecto llamativo lo fue la ausencia de exponentes latinoamericanos y particularmente locales. En nuestro país hay una larga tradición del pensamiento heterodoxo cuyos representantes, aun con sus diferencias, podrían haber sido de la partida en igualdad de condiciones con los nueve invitados del exterior.
Todas las intervenciones fueron de un corte netamente académico y en ese plano la confrontación con la teoría neoclásica lo fue en toda la línea, y en sus puntos fundamentales: el equilibrio general, la neutralidad del dinero, el mercado como mejor asignador de recursos, la teoría del derrame y sus variantes, la idolatría de la competencia. Así como las interpretaciones neoliberales de la crisis internacional, su teoría monetarista de la inflación o la opción por la capitalización de la previsión social. En el centro de esta confrontación dos intervenciones marcaron distancias al interior de la heterodoxia: Lance Taylor (New School NY) expuso “La revancha de Maynard” y reivindicó el rol de la demanda agregada, le siguió Makoto Itoh (Universidad de Tokio) con su incisiva ponencia “¿Por qué el keynesianismo no funciona?”.
Pero tal vez lo que más atrajo a los asistentes, obviamente por su vinculación con la actualidad de la economía local, fueron las varias intervenciones sobre la idea poskeynesiana de una “economía tirada por la demanda”. Dentro de éstas destacó la de Marc Lavoie (Universidad de Ottawa), “Crecimiento liderado por salarios. Conceptos, teoría y políticas”. Este investigador presentó un modelo conceptual que permite identificar las principales variables según la economía esté liderada por el trabajo (salarios) o por el capital (ganancias). Refiriéndose a la actualidad argentina la definió como una economía donde el mercado doméstico está impulsado por los salarios, pero la economía total lo está por las ganancias.
La inflación y sus causas fue otro tema de impacto sobre nuestra actualidad. Despejada la tesis monetarista, “La inflación no es un fenómeno monetario. En Argentina o en cualquier lugar”, de John Weeks (Universidad de Londres), también Anwar Shaikh (New School NY). Si se trata de una economía tirada por los salarios, la inflación puede ser producto de la puja distributiva entre capital y trabajo. Pero si lo que prima es la ganancia, y es el caso actual de nuestro país con tasas de ganancias extraordinarias, las causas de la inflación están en otro lado; tiene raíces más estructurales.
Así, si bien el encuentro transcurrió en un alto nivel académico y de teorizaciones, las referencias a la situación local resultaron ineludibles tanto en algunas ponencias como en las conversaciones de pasillo. El evento tuvo un alto nivel académico, y seguramente ayudará a elevar el prestigio de la UNQ, pero su realización no ha sido sólo por su valor académico, sino que también va a incidir en los debates de nuestra realidad
* Integrante de EDI-Economistas de Izquierda.

sábado, 28 de abril de 2012

Ritual de vanidades en la reciente conferencia de Aldo Ferrer en Córdoba



Entonces llega, el lunes 23 de abril,  Aldo Ferrer a Córdoba, una movida conjunta entre la gente del Banco Credicoop y el grupo de la Rectora de la Universidad Nacional de Córdoba.
El lugar de la conferencia es una de las hermosas salas del Pabellón Argentina de la Universidad. Los dos grupos organizadores han trabajado mucho en la difusión, y han tenido efectividad en eso, para el tipo de actividad hay una importante cantidad de gente.
Se pone en marcha el nervioso ritual previo, de los corrillos para mostrar y mostrarse. Las personas que presumen de ser figuras públicas,  ponen en evidencia los rigurosos cálculos que íntimamente realizan para tasar su conducta social en ese escenario tan arquetípico en materia de exhibición de vanidades.
El código es bastante simple. Estas figuras, aunque te conozcan perfectamente por diversas ocasiones que has compartido con ellos, no se acercan a saludarte si consideran que su propia relevancia como “dirigente” político o social es superior a la tuya. En cambio se dirigen sin titubear al abordaje de quienes tasan como superiores en ese aspecto. Y se avienen a concederte el saludo si sos vos quien se dirige a ellos. Perciben tu acercamiento como reverencial, y por sutiles gestos darán a entender que no recuerdan tu persona, o en todo caso que la recuerdan de manera difusa.
 Otra impulso de esta vanidad se dirige a la ubicación en el espacio en que se cumplirá el ritual.  No solo en cuanto a quienes se sientan en el estrado, ubicación reservada a la máxima jerarquía presente,  sino también a la primera fila de la sala.
La idea de los organizadores siempre es que la primera fila esté ocupada por figuras notorias.  En general las personas sencillas se autoexcluyen de ese grado de exhibición. Pero  algún que otro personaje ambicioso hace un cálculo de su propia importancia que no coincide con el de los organizadores, y ocupa un lugar que sería necesario hacerle desalojar si llegan otros asistentes más encumbrados.
En los minutos previos al inicio de la actividad se desarrollan en la mente de los organizadores  otros nerviosos cálculos, en este caso de disponibilidad en esa primera fila, porque tampoco es bueno que luzca en las fotografías con lugares vacíos. Eso evidenciaría que se esperaban personalidades que no concurrieron.
Al final el aplauso es sumamente prolongado. No se puede saber con certeza qué es lo que se está aplaudiendo: si las palabras (quizá algo trilladas) que se acaban de oir,  la trayectoria del anciano expositor, el mérito de la vejez enérgica…  O si los aplausos son un pláceme  a la insinuada iniciativa política de la rectora, que aspira a disputar la Gobernación de la Provincia en el próximo turno. Posiblemente sea un poco de cada cosa, según la perspectiva particular de cada uno de los presentes. 

domingo, 22 de abril de 2012

Raúl Prebisch. Un legado ineludible y controvertido

 A lo largo del ya afortunadamente extenso período transcurrido desde la recuperación de las instituciones democráticas en 1983,  quienes hemos frecuentado diversos ámbitos de estudio o de debate sobre la economía heterodoxa, habitualmente hemos conocido una valoración de Prebisch centrada en su concepción desarrollista, su planteo fundacional sobre la posición desfavorable de los países en desarrollo en lo que respecta a los términos de intercambio internacional, y su protagonismo en el liderazgo institucional de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).
Curiosamente, es mucho menos frecuente que se hable de la actuación política concreta de Prebisch en diferentes etapas de su vida. Lo más debatido en este aspecto es el grado de responsabilidad que le cupo en el diseño del regresivo plan económico que la Revolución Fusiladora impuso en 1956. Una controversia que va entre la denostación más enfática, como la contenida en el libro de Jauretche (El Plan Prebisch retorno al coloniaje), y la mirada indulgente que afirma (sin pruebas a la vista), que se dejó llevar por un grupo de jóvenes y ambiciosos discípulos, que firmó los documentos sin haberlos evaluado en profundidad, etc.
En un libro de Tulio Halperín Donghi (La República Imposible 1930-1945), escrito con el acostumbrado rigor académico y brillo retórico de este historiador, llama la atención el rol protagónico que le atribuye a Prebisch en las decisiones económicas de todo este ciclo, caracterizado por gobiernos autoritarios o conservadores. En este marco, se pueden leer los tempranos planteos industrialistas de Prebisch, y su gestión como Presidente del Banco Central, creado en 1935,  como guías para  reconvertir el régimen de acumulación de la élite dominante, ante las dificultades que el modelo agroexportador experimentó a partir de la crisis internacional de 1930.
En un un libro producido en su última etapa activa (Capitalismo Periférico, Crisis y Transformación, 1981), Prebisch parece escribir una especie de legado, con la libertad de quien ya no se propone proyectos prácticos, sino que más bien trata de coronar una vida de logros con un balance que intente alcanzar la auténtica grandeza.
En ese texto Prebisch se permite recordar su admiración juvenil por la economía neoclásica, y recorrer el camino que lo llevó a considerar esa doctrina como inútil para comprender y predecir el proceso económico, especialmente en los países periféricos. El núcleo de la crítica es que los supuestos sobre los que asienta el edificio lógico matemático de los modelos neoclásicos, son discordantes con lo que se puede apreciar en la realidad económica.
El foco de la crítica se orienta al concepto de excedente originado por la incorporación incesante de progreso técnico y la consiguiente mejora de productividad. Los neoclásicos postulan que, en el régimen de competencia, la ganancia tiende a extinguirse, persistiendo solamente como retribución del capital, el tipo general de interés, mientras que los beneficios derivados de las mejoras de productividad se reflejan por una parte en la retribución que corresponde a cada factor de producción según su productividad marginal, y por otra parte en una reducción de los precios en beneficio de los consumidores.
Prebisch sostiene que esta dinámica nunca podría funcionar así, al menos en el capitalismo periférico, porque la demanda de cada momento se conforma con pagos a los factores de producción que en el futuro próximo generarán una producción más cuantiosa que en el presente, haciéndose posible mantener o aún incrementar los precios, proceso que por otra parte va acompañado de la correspondiente expansión monetaria.
En cuanto a los salarios, el planteo es que mientras existan capas sucesivas de trabajadores de productividad decreciente, las bajas remuneraciones de los trabajadores que se encuentran en las capas de menor productividad, limita las posibilidades de que las mejoras de productividad deriven en la mejora sostenida del salario medio.
Es decir que el excedente no se traslada ni a los precios ni a los salarios, sino que es retenido por las empresas. Y aquí es donde Prebisch plantea una fuerte crítica a la élite social, aquella a la cual acompañó en  sus largas épocas de funcionario.
La recriminación principal apunta a la dilapidación del excedente, por parte de esa élite social, principalmente bajo la forma de lo que llama "consumo imitativo de los centros". Las construcciones opulentas y los bienes de lujo son causa de un gran derroche de capital. También la cuantiosa y permanente salida de recursos desde la periferia hacia los centros, resta posibilidades de inversión reproductiva. Y otro tanto con la hipertrofia del estado, que en distintas épocas ha absorbido empleo espurio, como consecuencia indirecta de la baja capacidad del sistema para contener las demandas sociales.
En otro severo cuestionamiento a la élite, el texto sostiene que, cuando por la puja distributiva o por el ciclo económico, el excedente se contrae, la reacción habitual de las empresas dominantes en sus respectivos mercados consiste en imponer su recomposición mediante la suba de los precios, en vez de orientar recursos a una mayor inversión.
En el abordaje de todos los problemas estructurales, Prebisch afirma que no puede esperarse que sean resueltos por el mercado, porque éste tiende a reproducir las distorsiones. Sino que deben ser los mecanismos políticos del estado los que definan el consenso sobre programas transformadores.
El libro es muy interesante y contiene un reconocimiento implícito de las frustraciones que fueron jalonando el modelo productivo que décadas antes el autor había contribuido a impulsar.
De todos modos la visión queda insalvablemente prisionera de su época y se reafirma sobre el paradigma  industrialista que fue estandarte de  la transformación económica del planeta a lo largo del Siglo XX, en que diversas regiones y países procuraron emular y superar la supremacía industrial británica del Siglo XIX.
Es cierto que se admite, desde el mismo título, la crisis en la periferia, y se la señala también con respecto a los centros, dedicándole un capítulo entero y destacando incluso los daños ambientales en la explotación de la biósfera. Pero no se llega a plantear ninguna hipótesis radical en términos de nuevo paradigma, sino más bien ajustes institucionales a la dinámica existente.
Los tiempos que siguieron a la publicación del libro, con la implosión de la ex URSS, y la imposición mundial del neoliberalismo a partir de los años noventa del Siglo XX, profundizaron la crisis estructural hasta niveles quizá ni siquiera imaginados por Prebisch. El marasmo en que hoy se debate la coyuntura de la economía internacional, y más estructuralmente el irracionalismo ambiental que ha alcanzado la producción masiva, nos   imponen la necesidad de encontrar conceptos completamente nuevos, si queremos que la aventura humana prosiga de manera menos traumática.

domingo, 4 de marzo de 2012

Estado y Marxismo

La profesora Mabel Twhaites Rey ha coordinado una interesante compilación editada por Prometeo (2007), en la cual un conjunto de docentes e investigadores de la Universidad de Buenos Aires, se proponen presentarnos, en apretadas 350 páginas de un volumen, el devenir de "un siglo y medio de debates" sobre el tema del título, comenzando por los planteos de los fundadores Marx y Engels. Y con el último capítulo dedicado a los trabajos recientes de John Holloway y de la dupla Negri-Hardt.


En medio, luego de varios capítulos en que se pasa revista al pensamiento de Lenín, Gramsci, y Althusser, se abordan dos importantes debates del Siglo XX en el marximo europeo. Estructuralismo versus instrumentalismo (en los sesenta y setenta), en el cuyo tratamiento se repasan centralmente las posiciones de Miliband y de Poulantzas. Y el debate sobre la derivación y la reformulación del estado (en los setenta y los ochenta). Este capitulo está a cargo de un tal Alberto Bonnet, y refiere, sin esquematizar ninguna polarización, a muchos autores, casi todos alemanes no muy difundidos en nuestro contexto. El anteúltimo capítulo está destinado a los trabajos de Habermas y Offe.


Pero el propósito de este post no es comentar lo que el volumen contiene (aunque podrá ser interesante hacerlo en algún momento futuro), sino lo que no ha sido tenido en cuenta. El título de la compilación es Estado y Marxismo. Es notorio que, sin explicitarlo en el título, se ha circunscritpo la selección de autores, contextos y temas, de un modo absolutamente eurocéntrico.


Sin ninguna duda que los textos y debates abordados por los autores son insoslayables para abordar la teoría marxista del estado. Pero pienso que habría sido conveniente, para que la obra sea mejor situada por los lectores, o bien explicitar que se trabaja sobre el marxismo "europeo". O bien ampliar la mirada a otras tradiciones que se reivindican marxistas, en Asia, África y América.


Está claro que los "centros" (países centrales en términos de poder) son los ámbitos en que el pensamiento de cada época se despliega con más vigor, porque cuenta con más amplitud de todo tipo de recursos, y por ende desde allí, con recursos y en situación, se facilita la teorización pertinente sobre diversos procesos de la humanidad, y en particular sobre los cambios en el poder concentrado mundial.

Para quienes habitamos en la periferia, y sobre todo si no queremos ser como los centros, es fundamental reflexionar desde aquí, enfocar las particularidades de la realidad periférica, y desplegar la contrastación conceptual con lo que se produce en los centros.

En el tema del título, Estado y Marxismo, cabe intentar un recorrido análogo a este que nos ha propuesto la cátedra de Thwaites Rey en Ciencias Sociales de la UBA, para visualizar qué aportes nos han dejado los autores y las prácticas políticas que, comprometidos con las luchas de liberación nacional y social en los países del Tercer Mundo, se han identificado con el marxismo.

En lo que respecta a la Argentina, estaríamos aludiendo a la influencia de la obra del peruano José Carlos Mariátegui, de los planteos de Ernesto Che Guevara, de los debates entre la izquierda peronista y la izquierda tradicional, y de los efectos de procesos recientes en la región de América Latina, sobre todo en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Intentaremos aportar, en futuros posts, en el análisis de esta valiosa tradición intelectual y política, particularmente en lo que concierne al rol atribuido al estado.

sábado, 3 de marzo de 2012

El Buen Vivir y el Sumak Kawsay

Una lectura rápida de los textos constitucionales aprobados en Bolivia y en Ecuador a fines de la primera década de este Siglo XXI, deja una sensación de que sus avanzadas cláusulas surgieron en un punto alto de lucha de las mayorías oprimidas, reflejan un debate muy amplio sobre los modos de vida a los cuales aspira la sociedad, y expresan una fuerte conciencia en la defensa del patrimonio colectivo fundamental, -la cultura y su diversidad plurinanacional, el medio ambiente, los recursos naturales-, que se constata amenazado por la loca carrera expansiva del voraz capitalismo contemporáneo.


El Buen Vivir está consagrado en estas constituciones como concepto orientador para el rumbo colectivo, y al desgranarse su alcance en una multiplicidad de cláusulas de derechos (derechos del buen vivir), es notorio que trata de una perspectiva completamente alternativa, y claramente superadora, de los tradicionales paradigmas desarrollistas.

En el caso del texto constitucional ecuatoriano, se consigna junto con la expresión "buen vivir", en español, lo que sería su equivalente en quechua: "sumak kawsay". En un artículo dedicado a esta expresión, el autor Luis Macas objeta el sentido dado a esta expresión quechua. Según su planteo, "sumak" significa plenitud, grandeza, lo justo, lo superior; y "kawsay" es vida en realización permanente, dinámica y cambiante, es interacción de la existencia en movimiento, estar siendo.

En sus palabras, "sumak kawsay es el estado de plenitud de toda la comunidad vital", es decir una concepción inseparable de una centralidad del comunitarismo en la organización social. En este sentido, el comunitarismo resulta incompatible con otras formas organizativas e instituciones del capitalismo. Los milenarios conceptos del comunitarismo, dice nuestro autor, son una propuesta vigente para toda la humanidad.

En cambio, el buen vivir tal como está establecido en el contexto de la Constitución ecuatoriana, estaría planteado desde la visión occidental, en términos de meros paliativos a las peores taras del capitalismo contemporáneo. Y en cuanto a la expresión en quechua que se corresponde con esta manera de hablar del buen vivir, sería "Alli Kawsay", en vez de Sumak Kawsay.